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Humedades en casa: cómo saber si es capilaridad, filtración o condensación

    Casi todo el dinero que se malgasta en humedades se pierde por lo mismo: tratar la que no es. Se pinta encima de una mancha, vuelve a los tres meses, y es que el problema estaba en otro sitio. Antes de reparar nada hay que saber cuál de las tres tienes, porque cada una entra por un camino distinto y se ataca de otra manera.

    Capilaridad: sube del suelo

    Aparece en la parte baja de las paredes, casi siempre en plantas bajas, y dibuja una línea de marea a medio metro o un metro del suelo. La pintura se abomba, el yeso se deshace y salen manchas blancas y polvorientas: son las sales que el agua arrastra desde el terreno al evaporarse. En Mallorca ese salitre es especialmente agresivo. La causa es el agua del subsuelo, que asciende por los poros del muro como por una vela. Por eso no se arregla pintando ni tapando: hay que cortar esa subida, con una barrera química inyectada en la base del muro y revestimientos transpirables que dejen salir la humedad en vez de encerrarla.

    Filtración: entra de fuera

    Es la más fácil de identificar porque tiene coartada: aparece o empeora cuando llueve. La mancha es localizada y suele delatar el punto de entrada: una grieta en la fachada, una junta abierta, un alféizar mal sellado, un canalón que rebosa, una cubierta que ya no aguanta o una bajante rota. En pisos altos y en paredes que dan al exterior es la sospechosa número uno. Aquí la solución está fuera, no dentro. De nada sirve rascar y pintar la habitación si el agua sigue colándose por la fachada. Se sella el punto de entrada, se repara la grieta o la junta, se impermeabiliza la zona y, si el origen es la cubierta o el canalón, se interviene ahí. Cerrado el paso, la mancha interior se seca y no vuelve.

    Condensación: se genera dentro

    Esta no entra por ningún sitio: la fabrica el propio ambiente de la casa. El aire caliente y húmedo del interior toca una superficie fría —una pared que da al norte, una esquina, la zona detrás de un armario, un puente térmico— y el vapor se convierte en agua. Se reconoce por el moho negro punteado, por empeorar en invierno y en habitaciones poco ventiladas, y por concentrarse en las esquinas y los rincones. Se combate por dos vías: ventilando y, sobre todo, eliminando el frío de esas superficies. Aislar la fachada por el exterior con un SATE hace desaparecer los puentes térmicos donde condensa el agua, y de paso rebaja la factura. Pintar con antimoho es un parche que vuelve cada invierno.

    El factor Mallorca

    El clima de la isla lo complica todo un poco. La humedad ambiental alta favorece la condensación cerca de la costa, y el salitre acelera el deterioro de la fachada y multiplica las eflorescencias de la capilaridad. Aquí no basta con copiar la solución de un manual peninsular: hay que mirar la orientación, la cercanía al mar y el estado real del muro.

    Cómo lo hacemos

    Lo primero es acertar con el diagnóstico, y muchas veces la respuesta está fuera. Subimos por cuerda a inspeccionar fachada, juntas, cubierta y bajantes, localizamos por dónde entra o dónde condensa y os decimos qué humedad es en realidad. Después ejecutamos lo que toca: sellado e impermeabilización si es filtración, aislamiento por el exterior si es condensación, saneado y revestimiento transpirable en la fachada afectada por capilaridad. Si tienes una mancha que va y viene, o que no hay manera de quitar, escríbenos o manda una foto al (+34) 660 679 623. Te decimos qué es antes de tocar nada, con presupuesto cerrado.

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