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Redes y mallas de seguridad: cuándo son obligatorias y por qué no pueden esperar

    Cuándo aparece la obligación

    No hace falta que el edificio esté en ruina. El deber de conservación obliga a cualquier propietario —y a cualquier comunidad— a mantener el inmueble en condiciones de seguridad, y ese deber se activa en cuanto la fachada empieza a soltar material. Una cornisa que se descuelga, un alero fisurado, tejas movidas junto al canalón, un trozo de remate que cae al patio o a la acera: a partir de ahí, la ley no distingue entre «grave» y «estético». Si algo puede caer sobre una persona, hay que actuar.

    En Baleares, ese deber de conservación y la potestad del ayuntamiento para exigirlo están recogidos en la Ley 12/2017 de Urbanismo, la misma que regula el IEE. De hecho, un informe de evaluación desfavorable suele ser el detonante: convierte la reparación de esas deficiencias en obligatoria para la comunidad.

    La orden de ejecución

    Cuando el ayuntamiento detecta el riesgo —de oficio o porque alguien lo denuncia— dicta una orden de ejecución: un requerimiento formal para que la propiedad haga las obras necesarias en un plazo. No es una sanción; es una obligación con fecha.

    Y conviene tomársela en serio, porque si no se cumple el ayuntamiento puede hacer dos cosas: ejecutar las obras de forma subsidiaria, contratándolas él y pasándote la factura después, e imponer multas coercitivas sucesivas hasta que se actúe. Cuando el riesgo es inmediato, además, no espera: ordena medidas cautelares urgentes en el acto.

    Lo primero es proteger la calle

    Antes de la reparación definitiva —que requiere estudio, presupuesto y a veces junta de propietarios— hay un paso que no puede esperar: impedir que caiga nada sobre quien pasa por debajo. Eso se resuelve con una red o malla antidesprendimiento anclada a la fachada, que retiene los fragmentos hasta que se acometen las obras, y con el acotado de la zona de riesgo.

    Es una medida provisional, pero es la que descarga la responsabilidad más urgente de la comunidad: la de un accidente en la vía pública. Colocarla rápido cambia por completo la posición legal de la propiedad frente a un incidente.

    El seguro: la letra pequeña

    Mucha gente da por hecho que el seguro de la comunidad lo cubre todo. Lo cubre, pero con condiciones. El multirriesgo responde por el desprendimiento de fachada —forma parte del continente— siempre que el edificio haya tenido una conservación correcta; los daños provocados por dejadez de mantenimiento se excluyen. Y dos requisitos se repiten en las pólizas: haber tomado medidas urgentes de protección para que no vuelva a ocurrir, y tener la inspección técnica del edificio en regla.

    Traducido: colocar la malla a tiempo y tener el IEE al día no es solo cumplir la ley, es lo que mantiene viva la cobertura del seguro.

    Cómo lo hacemos

    Instalamos la red o malla de protección accediendo por cuerda, que en una urgencia es decisivo: nos descolgamos y la dejamos puesta en horas, sin esperar a montar andamios. Con la calle asegurada, abordamos después la reparación definitiva —saneado de cornisas y elementos de remate, reparación de fachada, sustitución de tejas o bajantes—, con la misma técnica y sin cerrar el edificio.

    Si tienes una fachada que ha empezado a soltar material, o te ha llegado una orden de ejecución, escríbenos o manda una foto al

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